14 septiembre 2005

El increíble hombre menguante


Amados lectores, tengo el deber de hacerles partícipes de otro hecho asombroso: la mía es la prodigiosa historia del increíble hombre menguante. En realidad, ya hacía tiempo que lo venía sospechando, pero ha sido hoy mismo cuando mis peores presagios se han hecho realidad.

Ha sido durante la revisión médica rutinaria antes de formalizar mi fichaje (¡¡¡cómo suena eh, casi parezco galáctico...!!!) por el equipo de El Pilar. La mala noticia ha surgido a las primeras de cambio: "hola", "rellena el formulario", "ahora rellena el botecito ji ji ji", "ahora pasa por aquí"...

A pesar de mi reticencia inicial (Marti, te quiero), no me queda más remedio que entrar con una atractiva y joven enfermera a otra habitación. Como buen ex-adolescente ibérico, y por lo tanto gran espectador de películas porno, mi cabeza ya empezaba a desvariar entre camillas, fonendos y batines, mientras oía ecos del exterior incitándome a quitarme el calzado, los pantalones....todo iba de maravilla, parecía un sueño, hasta que......oí la fatídica cifra: "1 metro 71 centímetros".

Lógicamente, en ese momento todo el frenesí del que mi neurona es capaz de autosugestionarme cesó repentinamente. Dado que yo no estaba como para poder razonar, tuve la infeliz idea de hacer en voz alta un comentario en principio destinado sólo a mi cerebro: "¡¡¿Cómo que 1.71 m11? Eso no puede ser!!".

La situación no hizo más que entrar en una escalada de violencia verbal, a la que respondió la en ese momento horripilante enfermera: "Pues sí, 1.71". Señores, eso era el fin.

No me puedo explicar cómo, a lo largo de los años, voy siendo cada vez más y más bajito. Recuerdo con añoranza mis primeros años de profesional, cuando en las revisiones daba 1.73 m., y mi gloriosa época universitaria, donde llegué a tallar 1.75 m., e inlcuso mi record adolescente, llegando a sobrepasar la barrera psicológica del 1.76 m.

Da miedo pensar sobre el tema. Si sigo decreciendo a esta velocidad, quizá en 30 años pueda caber de nuevo en el vientre de mi madre, o lo que es peor, dentro de 40 en el pene de mi padre.

Aunque, visto de otro modo, quizá pueda ser positivo: a lo mejor puedo dejar de pagar en el metro, jugaré con mis hijos de igual a igual (al menos hasta que tengasn 6 años) e incluso puedo encontrar maneras divertidas de ganarme la vida. Por el momento, ya he recibido tres ofertas: la primera, de mi actual empresa, para trabajar como enano de jardin en Bricomanía con mi amigo "Iñigo el Greñas", la segunda, para trabajar de bombero torero (el Sargento Pepe Queñín estima que en el 2035 ya daré la talla para poder formar parte del equipo); y la tercera oferta es del circo de Ángel Cristo, para trabajar como "el gigante más pequeño del mundo", o "el enano más grande del mundo", lo que yo prefiera. Y lo bueno es que puedo empezar ya...