Ya no soy Fernando; ahora soy Fertxo
"Por supuesto, pues..."como dirían en Vitoria, donde llevo viviendo unos meses por motivo de trabajo.
No puedo decir que mi adaptación a esta ciudad haya sido especialmente difícil, más bien todo lo contrario: pasadas pocas semanas, ya me sentía totalmente integrado en el entorno vasco...aunque es cierto que para un castellano de pura cepa como yo es mucho más fácil ser vasco en Vitoria-Gastéiz que en Durango o Rentería; seguro.
Yo mismo me he ido sorprendiendo por lo estrecha que ibamos tejiendo nuestra relación Euskadi y yo, hasta tal punto que estoy llegando a sospechar (¿quizá debería decir "sospetxar"?) que, en un pasado más o menos lejano, algún antepasado vivió en estos parajes, quizá como pastor de un rebaño de ovejas lachas, o como un galáctico de las traineras cosechando victorias frente a Castro o Santurce, o lo más probable, como cura de una villa montañesa con una ama de llaves espectacular...
De hecho, ya me extrañaba a mí que la cuajada me gustara tanto. Lo prodigioso es que, al parecer, cumplo todos los requisitos para ser vasco: me encanta la buena comida y el buen vino, cuando tengo un problema personal serio se lo cuento al frigorífico, y por supuesto una caja de 12 preveservativos me dura más de un año (algo al parecer muy habitual por estas tierras).
Además, en las últimas semanas he aprendido que por aquí al chuletón lo llaman txuleta (me preguntaba para qué concepto reservan el aumentativo....hasta que me vi en el espejo desnudo al salir de la ducha...), he ido a ver un partido de pelota completo, he descubierto el Baines, he concertado una visita a la Catedral del fútbol en Bilbo y he retomado el balonmano en Gasteiz. Increíble.
Es por todo esto que he decidido sacarme el ENA, el carné vasco. Ya estoy imaginando la cara de mi familia cuando me vean llegar a casa dentro de unos meses, allí frente a la puerta de mi hogar, de pie, con la txapela bien calada, el ENA entre los dientes, dos grandes pendientes de aro que realcen mi melena, y una camiseta de rayas horizontales blancas y rojas. Ya puedo ver a mi ama y a mi aita llorando (supongo que de la emoción de verme)...y mi hermano, pedazo de zipallo, grabando la escena en video.

Así que ya no soy Fernando Cuesta, ahora mi nombre es...Pernando Aldapa, aunque mis amigos me llaman Fertxo.
Y para demostrar todo eso, ahí va una foto mía: es una tarde que tenía libre, y nos fuimos la cuadrilla a tomar unos zuritos y hacer algo de deporte. ¿A que me favorecen los tirantes? Ieeeeepa!
