85 kilos 85
Recuerdo cuando era más pequeño y de vez en cuando veía las corridas de toros en la tele.
Dentro de todo el rito de la lidia, lo que más me impresionaba era la presentación de los toros: esos nombres, a veces cómicos y otras temibles; esos pesos, siempre tan descomunales; esas descripciones de las tonalidades del cuero, siempre tan poéticas...pero lo que más me solía impresionar era la presentación de todos ellos a la vez: 6 toros 6. Era como multiplicar la potencia de algo ya de por sí descomunal.
Algo parecido es lo que ahora me pasa a mí...bueno, a mi cuerpo. Sin saber cómo ni por qué, en unos meses, he llegado a sobrepasar la barrera psicológica de los 85 kilos, o para que asuste más y sea más espectacular: de los 85 kilos, 85.
Cuando lo descubrí me sentí como la adolescente de película americana encima de la báscula: me había convertido en una especie de sandwich, emparedado por los pies por ese aparato infernal que seguro estaba mal tarado, y por la cabeza por el cielo, que se me venía encima. Así que no me quedó más remedio que tomar conciencia de mi nueva (bueno, reincidente) situación de chico ligeramente obeso, y me puse manos a la obra.
El problema es que justo después de tomar conciencia, me tomé dos cañas con un buen amigo, y con mi novia unos pinchitos, y volví al trabajo, y a comer fuera, y a otra cañita...
Así que he decidido una cosa: partiendo de que es importante estar, más o menos, en buena forma, no me quiero obsesionar. La buena comida para mí es uno de los mayores placeres de la vida, y la buena bebida también, y no pienso renunciar a ello. Y mucho menos teniendo en cuenta la siguiente reflexión: ¿soy atleta olímpico? ¿deportista profesional? ¿militar o policía? ¿giggoló? La respuesta a todas estas preguntas es NO (bueno, quizá giggoló...), así que no necesito vivir de mi cuerpo....la decisión está tomada: ahora estoy seguro de que el culto al cuerpo pasa por un estómago "bien cultivadito".
